El arrebatamiento, en una frase
El arrebatamiento es el momento en que el Señor Jesucristo descenderá del cielo y, en un instante, los creyentes muertos resucitarán y los creyentes vivos serán transformados y llevados a su encuentro. No es una idea moderna ni una teoría de internet: es una promesa que el apóstol Pablo escribió a la iglesia de Tesalónica para consolarlos.
«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.» 1 Tesalonicenses 4:16-17
De ese pasaje viene la palabra. El verbo griego es harpazō, que significa «tomar por la fuerza, arrebatar de repente». La versión latina lo tradujo rapere —de ahí que algunos lo llamen «rapto»—, pero en español el término fiel al texto es arrebatamiento: Dios arrebata a los suyos de la tierra en un abrir y cerrar de ojos.
Pablo lo describe también en 1 Corintios 15:51-52: «No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta». Dos cosas quedan claras: será súbito y será físico —cuerpos resucitados y transformados, no solo un consuelo espiritual.
Arrebatamiento y Segunda Venida no son lo mismo
Esta es la distinción que ordena toda la profecía, y donde más gente se confunde. La Biblia usa dos palabras distintas para dos momentos distintos:
- La Parusía / el arrebatamiento — Cristo viene en el aire y los creyentes suben a su encuentro (1 Tes. 4:17). Es para la Iglesia, y es inminente: puede ocurrir en cualquier momento.
- La Segunda Venida en gloria — Cristo desciende hasta la tierra, con sus santos, para juzgar a las naciones y establecer su Reino (Apocalipsis 19:11-16; Zacarías 14:4). Es pública, visible para todo el mundo.
En el arrebatamiento, la Iglesia sube para encontrarse con Cristo; en la Segunda Venida, Cristo baja con la Iglesia. Entre uno y otro evento transcurre el periodo que la Escritura llama la Tribulación. Confundir los dos es la raíz de casi todos los errores al leer el fin de los tiempos.
¿Cuándo ocurre el arrebatamiento?
Existen varias posturas dentro del cristianismo, y es honesto decirlo. En Guardián en el Muro sostenemos la postura pretribulacional: el arrebatamiento ocurre antes de la gran tribulación. Estas son las razones bíblicas:
- 1.La Iglesia no está destinada a la ira. «Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tes. 5:9). La Tribulación es, precisamente, el derramamiento de la ira de Dios sobre la tierra.
- 2.La promesa de ser guardados «de» la hora de la prueba, no «en» ella (Apocalipsis 3:10).
- 3.«El que detiene» (el katéchon de 2 Tesalonicenses 2:6-8) debe ser quitado antes de que se manifieste el anticristo —una señal de que la Iglesia es retirada primero.
- 4.Desde Apocalipsis 4 en adelante, la Iglesia ya no aparece en la tierra durante los juicios: está ante el trono.
Importante: la Biblia no nos permite fijar fechas. Jesús fue claro: «del día y la hora nadie sabe» (Mateo 24:36). Cualquiera que ponga una fecha al arrebatamiento contradice la Escritura. Lo que sí sabemos es que es inminente —sin señales previas que deban cumplirse— y por eso el llamado es a velar.
¿Por qué importa esto hoy?
No estudiamos el arrebatamiento para vivir con miedo, ni para especular con calendarios. Lo estudiamos para lo contrario: para vivir despiertos, santos y con esperanza. Pablo cierra el pasaje de Tesalonicenses con una orden sencilla: «Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras» (1 Tes. 4:18). El arrebatamiento es, antes que nada, un consuelo.
Entender bien este tema cambia cómo lees el resto de la Biblia profética, cómo oras y cómo vives cada día esperando a Cristo —no como el que teme la noche, sino como el que espera el amanecer.